Ansiedad, insomnio y desesperanza: el trauma de quienes esperan respuestas
Santo Domingo, 4 de abril de 2025 – La desaparición de una persona deja tras de sí un rastro de incertidumbre, dolor y angustia para sus seres queridos. Más allá del impacto social y legal, las familias enfrentan un shock emocional profundo que puede derivar en trastornos psicológicos como ansiedad, insomnio, depresión y culpa.
La psicóloga clínica Itania María advierte que el impacto psicológico de una desaparición puede ser devastador, afectando la salud mental de los familiares y su capacidad para continuar con su vida cotidiana. “No pueden dormir, les invade la ansiedad y experimentan una sensación constante de desasosiego, impotencia, miedo y desesperanza”, explica.
La incertidumbre de no saber qué ocurrió con su ser querido impide que las familias logren un cierre emocional. “El no tener una respuesta clara genera un dolor persistente y una sensación de falta de control sobre la situación. Este estado psicológico puede prolongarse por años si no se recibe apoyo profesional”, señala la especialista.
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La necesidad de intervención psicológica temprana
Ante este escenario, el acompañamiento terapéutico especializado es fundamental para ayudar a los familiares a procesar la crisis emocional. La intervención en crisis, un abordaje terapéutico diseñado para contener y estabilizar a personas en estados de angustia extrema, es clave en estos casos.
“En un primer momento, es ideal que los familiares más cercanos reciban sesiones de intervención en crisis. A través de técnicas de primeros auxilios psicológicos, los terapeutas brindan apoyo mediante la escucha activa y el respeto por el relato del paciente”, detalla María.
Durante este proceso, el terapeuta se convierte en un soporte emocional para la persona en crisis. “Es esencial evitar invalidar sus emociones o comparar su dolor con otras situaciones. La empatía y la paciencia son herramientas fundamentales para acompañar a los familiares en su proceso de duelo e incertidumbre”, enfatiza la especialista.
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El duelo sin cuerpo: una carga emocional prolongada
El duelo en los casos de desaparición es particularmente complejo, ya que los familiares no tienen certeza sobre el destino de su ser querido. A diferencia de un fallecimiento confirmado, donde el proceso de duelo sigue una trayectoria más definida, en las desapariciones el dolor queda suspendido en el tiempo.
Este fenómeno, conocido como “duelo ambiguo”, se caracteriza por la imposibilidad de aceptar la pérdida, lo que puede generar un estado de sufrimiento crónico. “El duelo no puede resolverse porque no hay una confirmación de muerte ni una posibilidad real de despedida. Esta ambigüedad emocional puede llevar a los familiares a sentirse atrapados entre la esperanza y la desesperación”, explica la experta.
Para afrontar este proceso, María recomienda estrategias terapéuticas que permitan canalizar la angustia y encontrar mecanismos para recuperar la estabilidad emocional. “Es importante que los familiares puedan expresar sus emociones sin miedo, conectar con redes de apoyo y, sobre todo, recibir ayuda psicológica especializada que les ayude a manejar la incertidumbre”.
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Hacia una mayor concienciación y apoyo institucional
Más allá del impacto individual, las desapariciones también afectan a la comunidad y generan una sensación de vulnerabilidad social. Por ello, es fundamental que las autoridades y organizaciones especializadas fortalezcan programas de apoyo psicológico y acompañamiento a las familias.
María destaca la importancia de implementar políticas públicas que incluyan servicios gratuitos de atención psicológica para los afectados, así como campañas de sensibilización sobre el impacto emocional de las desapariciones. “La salud mental de los familiares de personas desaparecidas debe ser una prioridad. Sin un apoyo adecuado, estas personas pueden desarrollar cuadros de estrés postraumático y otros trastornos que afectan su calidad de vida”, advierte.
A medida que República Dominicana enfrenta el desafío de atender a miles de familias que viven con la angustia de una desaparición, la combinación de atención psicológica especializada, redes de apoyo comunitario y mayor sensibilización pública puede marcar la diferencia en la reconstrucción emocional de quienes siguen esperando respuestas.