Mediante el Decreto 84-26, el presidente Abinader designa a un experto en tripartismo y formación técnica para liderar la articulación entre la academia y el mercado laboral dominicano.
El sistema educativo superior de la República Dominicana inicia una etapa de transformación profunda. El presidente Luis Abinader ha designado a Rafael Santos Badía como el nuevo ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), una decisión que busca replicar en las universidades el modelo de agilidad y pertinencia que Santos Badía consolidó durante su gestión en el INFOTEP.
Con una trayectoria que combina el derecho, la docencia y la labor legislativa, el nuevo ministro asume el reto de actualizar un sistema que, según sus propias palabras, ha pecado de mantener currículos desfasados y trayectorias formativas excesivamente largas que no siempre agregan valor a la productividad nacional.
El perfil de un gestor de resultados
Santos Badía no es un extraño en el sector educativo. Además de su reciente labor en el INFOTEP, fue diputado (1990-1998) y pieza clave en la formulación del Plan Decenal de Educación. Su formación incluye:
- Derecho: Universidad de la Tercera Edad (UTE).
- Administración de Empresas Cooperativas: UNPHU.
- Especialidades: Economía Política y Derecho Laboral (UASD) y Relaciones Internacionales (UTE).
Una visión crítica: Inversión vs. Resultados
Durante su reciente participación en el Foro Económico Internacional América Latina, Santos Badía fue enfático al señalar la paradoja regional: se invierten grandes recursos en educación sin lograr los resultados productivos necesarios.
«Con información precisa podemos anticipar el futuro. Eso nos permite alinear la oferta formativa con la demanda real y evitar tener personas capacitadas sin empleo», puntualizó el nuevo ministro, dejando clara su intención de utilizar la inteligencia de mercado para regir la oferta universitaria.
El reto: La articulación de los tres subsistemas
El reto de Santos Badía en el MESCyT podría estar orientado en lograr que la educación general, la formación técnico profesional y la educación superior funcionen como un engranaje único. Esta visión, a la que ya se ha referido anteriormente, busca eliminar los «cuellos de botella» formativos y asegurar que los egresados universitarios posean las competencias tecnológicas que exige el mundo actual.
