En la Sala Carmen Natalia de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, el aire se sentía distinto. No era la típica atmósfera de un evento literario formal; o repleto de público, era el peso de una verdad desnuda que estaba a punto de ser contada. José Israel Beltré no solo presentaba un libro titulado «Queriendo tapar el sol con un dedo»; estaba entregando los pedazos de una vida que, contra todo pronóstico, logró reconstruirse desde las cenizas.
«Conoces mi memoria, pero no mi historia»
Con lagrimas que apagaban la voz quebrada por la gratitud y la mirada puesta en un pasado que ya no le duele, Beltré inició su intervención con una frase que resonó como un eco en las paredes de la sala: «La gente conoce mi memoria, pero no conoce mi historia». Y es que las páginas de este libro, dividido en cinco capítulos de cruda honestidad, son el registro de una niñez marcada por el miedo y una madurez que conoció los abismos más oscuros de la calle.
José Israel recordó cómo su madre, María Elena, trabajaba como obrera en una factoría y aún así, tenía ánimos para levantarse a las tres de la mañana para buscar a su hijo perdido en el abismo de las drogas. A pesar del dolor, su madre seguía luchando por un futuro que parecía negársele. Habló del niño de ocho años que, junto a su hermanita de seis, cruzaba el Puente de la 17 a las 12 del mediodía, escapando no de la pobreza, sino del terror.

De los hoyeles de cinco estrellas a las estrellas del cielo
Hubo un tiempo en que la vida de Beltré no se medía en logros, sino en pérdidas. Durante 25 años, el vicio fue su sombra. «He dormido en hoteles cinco estrellas, y en la calle, mirando las estrellas», confesó, comparando con amarga ironía sus noches a la intemperie con los lujos que alguna vez perdió. Pero el libro no es una oda al dolor, sino un manual de resistencia. El espíritu que lo mueve es el de aquel que, no siendo nada, decidió que podía serlo todo.
El milagro de la ceguera y el ataque al corazón
El relato alcanzó su punto más emotivo al narrar el proceso de gestación de la obra, un proyecto que le tomó 14 años terminar. Beltré reveló que el libro no habría tenido la fuerza que tiene hoy si no hubiera pasado por su prueba más difícil: perder la vista y sobrevivir a un ataque al corazón.
Relató cómo un lunes soñó con su propia muerte, y cómo el jueves siguiente, un descuido providencial de su esposa —quien olvidó su bulto del gimnasio en la puerta— permitió que ella regresara a casa justo a tiempo para encontrarlo en medio de un infarto fulminante. «Unos minutos más y no la contaba», recordó sobre las palabras del médico en cuidados intensivos.
El teléfono Nokia y la fe en el último vagón
Quizás el momento más desgarrador fue cuando Beltré retrocedió 17 años en el tiempo, a una noche gélida en una estación de tren en Nueva York. Con el corazón roto y la decisión tomada de acabar con su vida, se paró frente a las vías esperando el tren. En ese instante, su viejo teléfono Nokia vibró. Al abrirlo, la pantalla mostró la cara de su hija pequeña. Esa imagen, ese «sol» que no pudo tapar con un dedo, lo hizo retroceder del abismo.
Esa misma noche, terminó en la última fila de una iglesia a las dos de la mañana, donde escuchó una frase que cambió su destino: «Mire dónde está, pídale a Dios por lo que le falta».
Un testimonio para impactar vidas
La presentación concluyó con una poderosa reflexión sobre la solidaridad, utilizando la fábula del ratón, el chivo y la vaca, instando a los presentes a no ser indiferentes ante el dolor ajeno, porque «la trampa del ratón» puede terminar afectando a toda la granja.
Como bien señaló el maestro de ceremonias, Jesús Nova, la vida de José Israel Beltré es hoy un testimonio vivo de redención. «Queriendo tapar el sol con un dedo» no es solo un título; es la prueba de que, aunque intentemos ocultar nuestras heridas o la luz divina, la verdad siempre encuentra una grieta por donde brillar.

