José Antonio Mármol advierte sobre los riesgos de delegar el pensamiento humano a la inteligencia artificial

El escritor, poeta y filósofo recibió el título de Doctor Honoris Causa en Humanidades de UNAPEC y llamó a defender la educación, el pensamiento crítico y los valores humanos frente al avance tecnológico

Santo Domingo, República Dominicana.– El escritor, poeta, ensayista y filósofo dominicano José Antonio Mármol Peña recibió el título de Doctor Honoris Causa en Humanidades de la Universidad APEC (UNAPEC), en una solemne ceremonia en la que aprovechó su discurso de investidura para reflexionar sobre la educación, la transformación tecnológica y los desafíos éticos que plantea el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.

Ante autoridades académicas, representantes del Gobierno, escritores, intelectuales, familiares, estudiantes e invitados especiales, Mármol planteó tres grandes preocupaciones relacionadas con el futuro de la educación, los efectos de la revolución tecnológica y la responsabilidad del ser humano frente al conocimiento y la creación.

La primera estuvo centrada en la calidad de la educación, que definió como una responsabilidad compartida entre las instituciones públicas y privadas, las familias, los individuos y la sociedad.

Al recordar el pensamiento de Eugenio María de Hostos, sostuvo que la educación debe contribuir a formar ciudadanos libres, capaces de razonar, desarrollar conciencia moral y construir un pensamiento crítico basado en principios éticos y valores humanos.

Mármol consideró que ese paradigma, aunque surgió en el siglo XIX, mantiene plena vigencia en el siglo XXI.

La tecnología debe estar al servicio del ser humano

Uno de los ejes principales de su intervención fue el impacto de la tecnología sobre los procesos educativos.

El escritor cuestionó que la incorporación de dispositivos tecnológicos en las aulas pueda considerarse, por sí misma, un indicador de progreso educativo.

A su juicio, la tecnología debe ser entendida como un instrumento al servicio del talento humano y de su capacidad creativa y transformadora, y no como una finalidad en sí misma.

En ese contexto, planteó la necesidad de fortalecer la preparación técnica, pedagógica y humanística de los docentes para lograr mejores resultados en los estudiantes y contribuir a una sociedad con mayor capacidad crítica.

“La educación es la condición sine qua non para formar conciencias críticas y espíritus libres”, sostuvo, al tiempo que la definió como uno de los pilares fundamentales de la democracia.

Una mirada crítica al avance de la inteligencia artificial

La segunda reflexión de Mármol estuvo dedicada a la transformación tecnológica y a los desafíos que plantea la inteligencia artificial.

El intelectual advirtió sobre el riesgo de una ruptura de los principios éticos y humanísticos si el desarrollo tecnológico avanza sin controles, criterios y propósitos orientados al bienestar humano.

Sin rechazar la tecnología, llamó a mantener una posición crítica frente a ella.

“No hay que ser tecnofóbicos, pero tampoco tecnólatras”, planteó, al defender la necesidad de preservar la dignidad humana frente al avance de sistemas tecnológicos cada vez más sofisticados.

Mármol reconoció el valor de la inteligencia artificial como herramienta para el trabajo, la investigación, el conocimiento y la vida cotidiana. Sin embargo, estableció una diferencia entre utilizarla como instrumento y delegarle facultades esenciales del pensamiento y la creación humana.

En ese sentido, alertó sobre las consecuencias de entregar a los sistemas de inteligencia artificial capacidades vinculadas con la competencia lingüística, la memoria, el pensamiento y la creatividad.

“La tecnología habrá de ser siempre un recurso y no un sustituto radical de la capacidad humana”, afirmó.

La atención como un bien humano

El también filósofo llamó la atención sobre el impacto que tienen las plataformas digitales y el exceso de estímulos sobre la capacidad de concentración de las personas.

A partir de las ideas de distintos pensadores contemporáneos, sostuvo que la atención constituye un bien fundamental que debe ser protegido frente al ruido, la distracción permanente y el uso inadecuado de las tecnologías digitales.

Su preocupación no se limita al desarrollo tecnológico, sino a la posibilidad de que el ser humano termine subordinando su capacidad de pensar, crear y decidir a herramientas diseñadas originalmente para facilitar esas mismas capacidades.

Mármol advirtió, además, sobre los riesgos de una automatización sin límites y llamó a evitar que la fascinación por la innovación tecnológica termine debilitando la educación, la cultura y los valores que sostienen la convivencia social.

El ejemplo de Oppenheimer

Para ilustrar su preocupación, el escritor recurrió a uno de los episodios más conocidos de la historia científica contemporánea: la reacción de Robert Oppenheimer después de la primera prueba de la bomba atómica.

Mármol recordó que, tras contemplar el resultado de la prueba Trinity, el científico recurrió a versos del texto sagrado hindú Bhagavad Gita para expresar la dimensión de lo que había presenciado.

A partir de ese episodio, estableció un paralelismo con las advertencias actuales de científicos, filósofos e investigadores sobre los riesgos de un desarrollo tecnológico sin suficiente reflexión ética.

La pregunta que dejó planteada fue si la humanidad tendrá que esperar a comprobar las consecuencias de sus propias creaciones para reaccionar frente a ellas.

Escribir como una forma de existir

La tercera reflexión de Mármol estuvo dedicada a la palabra, la literatura y la escritura.

Con un tono más personal, explicó que escribir constituye para él una necesidad vital y una manera de preservar la memoria, expresar sus angustias y alegrías y establecer un diálogo con un lector que completa, mediante su interpretación, el sentido de lo escrito.

Para el poeta, la escritura representa también una forma de resistencia frente al paso del tiempo y la muerte.

Expresó que escribe poesía por convicción, libertad y necesidad, y que a través de ella puede contemplar la realidad, cuestionarla y buscar nuevas formas de comprender la existencia.

“Escribo para dejar un sonoro rastro del fundamento temeroso de mi ser, esas angustias y mis alegrías”, expresó durante su intervención.

Mármol vinculó además su creación literaria con la identidad cultural dominicana y con la lengua como elemento fundamental de la historia y la cultura de un pueblo.

UNAPEC reconoce una trayectoria de más de cuatro décadas

La ceremonia de investidura estuvo encabezada por autoridades de UNAPEC y contó con la presencia de la primera dama de la República, Raquel Arbaje, así como del ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, autoridades académicas, representantes diplomáticos, intelectuales y familiares del homenajeado.

El rector de UNAPEC, Eric Pérez Vega, destacó la trayectoria de Mármol como poeta, ensayista y filósofo y resaltó sus aportes a la literatura y al pensamiento dominicano.

La propuesta para concederle el Doctorado Honoris Causa fue presentada por la Facultad de Humanidades y Derecho y posteriormente aprobada por los órganos académicos correspondientes.

El reconocimiento fue otorgado por su trayectoria como escritor, poeta, filósofo, ensayista y académico, así como por sus aportes al desarrollo cultural de la República Dominicana.

Durante la ceremonia también se destacó su participación en la formación de nuevas generaciones de escritores, su labor como promotor cultural y sus aportes al fortalecimiento institucional y educativo.

Una voz de la literatura dominicana

José Antonio Mármol, nacido en Santo Domingo en 1960, es una de las figuras destacadas de la literatura dominicana contemporánea. Su trayectoria comprende la poesía, el ensayo, la filosofía y la reflexión sobre la cultura y la sociedad.

Entre sus reconocimientos figura el Premio Nacional de Literatura 2013, además de otros premios nacionales e internacionales. También ha sido reconocido como autor homenajeado de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026.

Con el Doctorado Honoris Causa concedido por UNAPEC, la institución incorpora simbólicamente a su comunidad académica a un intelectual cuya obra ha colocado en el centro de sus preocupaciones la palabra, el pensamiento, la identidad, la cultura y, ahora con particular énfasis, los desafíos éticos de la revolución tecnológica.

Su discurso de investidura dejó una advertencia que trasciende el ámbito académico: el avance tecnológico puede transformar profundamente la sociedad, pero corresponde al ser humano decidir qué lugar ocuparán la ética, el pensamiento crítico, la creatividad y la dignidad dentro de ese nuevo escenario.