Coronavirus, la corona que nadie quiere y que ha cambiado hábitos de la gente

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua nos presenta 30 acepciones de la palabra corona, de las cuales las más conocidas son las siguientes:

a) Arco de metal que se coloca en la cabeza como símbolo de nobleza, dignidad o realeza.
b) Reino o monarquía. Órgano al que corresponde la jefatura del Estado.
c) Reconocimiento simbólico.
d) Señal de premio o recompensa.
e) Conjunto de flores o de hojas, o de ambas cosas, dispuestas en círculo.
f) Círculo en la cabeza de las imágenes sagradas (aureola).
g) Unidad monetaria de varios países, como Dinamarca, Noruega o Suecia.
h) Pieza o elemento artificial con que se protege o sustituye parte de los dientes.
i) Ofrenda floral.
j) Capa más exterior del sol que se encuentra en estado plasmático.

Los términos anteriores no poseen connotación negativa y casi todos se refieren a determinados tipos de coronas que nos gustaría poseer: una corona real, una corona por haber ganado un evento deportivo o un certamen, una corona que nos conceda estética a nuestra dentadura, etc.

Pero cuando se habla de Coronavirus la cosa es diferente, porque se trata de una familia de virus que microscópicamente presentan la apariencia de una corona solar (de ahí viene su nombre) uno de cuyo miembros, ha provocado la enfermedad ya convertida en pandemia, COVID-19.

El COVID-19 se origina en Wuhan (China), en diciembre de 2019 y suele manifestarse por fiebre, cansancio, tos seca, dolores musculares o de garganta, congestión nasal o diarrea; síntomas que van desde leves o graves y pueden aparecer de forma gradual, aunque algunos infectados se muestran asintomáticos. Se transmite a través de pequeñas gotas procedentes de la nariz, que cuando algún afectado tose o exhala se depositan sobre quienes están a su alrededor o en algún objeto o superficie que luego tocamos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más del 80% de los afectados se recupera sin tratamiento especial, de ahí que el peligro mayor del COVID 19 es su rápida propagación, no su letalidad. Pero los adultos mayores o quienes padecen hipertensión arterial, problemas cardiacos u otra enfermedad incrementan las posibilidades de complicarse.

EL COVID-19 CAMBIÓ HÁBITOS DE VIDA.

Definitivamente, el Coronavirus es una corona que nadie quiere, por eso los gobiernos de los países afectados y bajo amenaza han dispuesto medidas drásticas, entre ellas el confinamiento de los ciudadanos, un encierro obligatorio para evitar el contagio. Pero este período aislamiento de envuelve cambios en los hábitos y estilos de vida de las personas, muchas de las cuales han tenido que acogerse al teletrabajo (laborar desde su hogar), siempre que sus funciones lo permitan.

Otros, para evitar el tedio y el aburrimiento, dedican al Internet y a las redes sociales más horas de las que habitualmente utilizan estas nuevas tecnologías. Han extendido su horarios de sueño, comparten más en familia, experimentan nuevas recetas culinarias y comen con más frecuencia, con el consecuente riesgo de ganar libras.

Hay quienes “persiguen noticias”, escuchan música y ven televisión todo el día, además de utilizar más los servicios de delivery (reparto a domicilio). Otros se inclinado por vivir “una cuarenta productiva” y se han refugiado en los libros, se están capacitando profesionalmente a través de cursos virtuales y tutoriales, o resolvieron organizar su casa, su ropa, sus papeles, limpiar el patio o llevar a cabo algunos arreglos en su vivienda.

Uno de los cambios más evidentes, sobre todo en los países caribeños (donde la gente se caracteriza por su efusividad) es el cese de las muestras físicas de afecto entre amigos, vecinos y hasta familiares; por eso, para acatar recomendaciones de las instituciones sanitarias los saludos acompañados de abrazos, apretones de mano y besos han desaparecido. La gente se muestra renuente a darlos, aun a sus más allegados.

En fin, la llegada del Coronavirus ha dejado a las ciudades desoladas y en los barrios, urbanizaciones, calles, avenidas, arterias comerciales, sitios turísticos y de diversión que se caracterizan por una alta afluencia de público reina la tranquilidad, o más bien la desolación, porque les falta el calor humano que solo concede esa ´sin esa gente, esos seres que les dan vida, pero cuya prioridad ahora es proteger su vida.

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