A través de la capacitación técnica en el Centro Pérez de INFOTEP, agricultoras de Puerto Plata dejan atrás el rol de recolectoras para convertirse en gestoras de sus propias microempresas de transformación y servicios.
En las entrañas de Altamira, donde el verde de los cacaotales domina el horizonte, se está gestando una transformación silenciosa pero contundente. Aquí, el aroma a chocolate recién procesado ya no solo habla de tradición, sino de gerencia femenina. Un grupo de mujeres, históricamente ligadas a la tierra pero alejadas de las decisiones administrativas, ha decidido dar un paso al frente, cambiando el machete de recolección por las herramientas digitales y las técnicas de transformación del grano.

Esta metamorfosis tiene un catalizador claro: la formación técnica. Mujeres como Melfi Altagracia García son el rostro de esta nueva generación de agroempresarias que han entendido que para crecer en el 2026, el amor por el campo debe ir de la mano con el dominio de la tecnología.
El salto: De la siembra a la administración
Para muchas de estas emprendedoras, el proceso comenzó aprendiendo las técnicas más avanzadas de injerto y transformación del cacao. Sin embargo, el verdadero «clic» ocurrió en las aulas de informática. «Ahora mismo estoy aprendiendo el Paquete de Informática; esto me da las herramientas para manejar una computadora, usar Word y administrar mi negocio de una manera profesional», comenta García, reflejando una realidad común en la zona: el deseo de formalizar lo que por años fue una actividad de subsistencia.
Innovación en el «Grano de Oro»
El impacto de esta capacitación se siente en la diversificación. Ya no se trata solo de vender el grano en baba o seco a los grandes centros de acopio. Las mujeres de Altamira están incursionando en:
- Elaboración de derivados: Chocolates artesanales, manteca de cacao y productos de belleza orgánicos.
- Agroturismo: Creación de rutas guiadas donde ellas mismas explican el proceso desde la semilla hasta la barra.
- Gestión de Cooperativas: Liderazgo en la toma de decisiones dentro de las asociaciones locales, donde antes predominaba la voz masculina.
El impacto en el hogar y la comunidad
Para estas mujeres, el éxito empresarial se traduce en una mejora directa de la calidad de vida de sus familias. Como señala el entorno del Centro Tecnológico Pérez, este empoderamiento ha permitido que muchas puedan «llevar el pan a la mesa» con mayor seguridad y, lo más importante, inspirar a sus hijas a ver en el campo dominicano un futuro de oportunidades técnicas y profesionales, no solo de esfuerzo físico.
Altamira ya no es solo tierra de cacao; es tierra de empresarias. Mujeres que, con el apoyo de la formación técnica, han demostrado que el desarrollo rural de la República Dominicana tiene rostro de mujer y aroma a chocolate bien administrado.
