Santo Domingo. — Este 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad en un contexto que especialistas describen como preocupante tanto en la República Dominicana como a nivel global. Las cifras más recientes reflejan una tendencia sostenida al alza que impacta no solo la salud individual, sino también los sistemas sanitarios y la economía.
De acuerdo con el Atlas Mundial de la Obesidad 2025, publicado por la Federación Mundial de la Obesidad, el 32 % de la población dominicana padece obesidad y el 68 % presenta un índice de masa corporal elevado. Por su parte, el ministro de Salud, Víctor Atallah, ha señalado que más del 70 % de los adultos vive con sobrepeso u obesidad, datos expuestos durante el Foro Internacional de Políticas Públicas para la Prevención y Reducción del Sobrepeso y la Obesidad.
Una enfermedad crónica y multifactorial
La Sociedad Dominicana de Endocrinología advierte que la obesidad no es una condición aislada ni meramente estética. Se trata de una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, asociada a diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia, enfermedad cardiovascular, hígado graso y ciertos tipos de cáncer.
Especial preocupación genera el aumento sostenido en la población infantil. Cambios en los patrones de alimentación, mayor consumo de productos ultraprocesados, sedentarismo, limitaciones en espacios seguros para la actividad física y factores socioeconómicos configuran un entorno que dificulta la adopción de estilos de vida saludables desde edades tempranas.
En ese sentido, la entidad médica hizo un llamado a reforzar campañas educativas dirigidas a niños y adolescentes, con énfasis en prevención y hábitos saludables.
Impacto regional y cifras globales
La Federación Centroamericana y del Caribe de Laboratorios Farmacéuticos (FEDEFARMA) recordó que el año pasado se estimó que mil millones de personas en el mundo vivían con obesidad. Desde 1990, la prevalencia se ha duplicado entre adultos y se ha cuadruplicado entre adolescentes. Solo en 2024, 35 millones de niños menores de cinco años presentaban sobrepeso.
Publicaciones recientes de la revista científica The Lancet y de la Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad advierten que la magnitud del problema en América Latina podría ser aún mayor de lo estimado, con cerca del 50 % de la población afectada.
Además del Índice de Masa Corporal (IMC), especialistas recomiendan evaluar la relación cintura-estatura. Si la circunferencia de la cintura dividida entre la estatura supera 0.5, se considera un indicador de obesidad y riesgo cardiometabólico elevado.
Abordaje integral y sin estigmas
Expertos del sector farmacéutico y médico coinciden en que el tratamiento debe ser integral y supervisado. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado que terapias innovadoras, como los agonistas del receptor GLP-1 y agonistas duales GIP/GLP-1, se utilicen cuando corresponda dentro de un plan que incluya cambios en alimentación, actividad física y seguimiento profesional.
Las entidades consultadas subrayan la importancia de evitar soluciones rápidas o “pastillas mágicas” sin respaldo científico, y promueven la consulta médica como punto de partida para decisiones informadas.
Asimismo, insisten en que la conversación pública debe alejarse del estigma. “No es un tema de juicio ni exclusivamente estético; es una enfermedad que involucra factores individuales, familiares y comunitarios”, sostienen voceros del sector.
Prevención: señales y pasos básicos
Entre las recomendaciones básicas se incluyen:
• Revisar antecedentes familiares de obesidad.
• Vigilar aumentos de peso superiores al 10 % en el último año.
• Medir la circunferencia de la cintura.
• Realizar exámenes anuales (perfil lipídico, glucosa, presión arterial, función hepática).
• Practicar caminatas de paso rápido al menos 30 minutos, tres veces por semana.
• Mantener una alimentación balanceada rica en frutas y verduras.
• Observar signos como la acantosis nigricans, asociada a resistencia a la insulina.
El mensaje central en este Día Mundial de la Obesidad es claro: la magnitud del desafío exige coordinación entre autoridades, sector privado, profesionales de la salud y ciudadanía. Solo mediante un enfoque basado en evidencia, prevención temprana y acceso a tratamiento integral podrá revertirse una tendencia que amenaza con convertirse en una de las principales crisis sanitarias del siglo XXI.
