Cuando el tránsito es una emergencia nacional, la autoridad moral, la disciplina y el apego a la ley valen más que la politiquería
Frente a los cuestionamientos por la designación de Juan Manuel Méndez al frente del INTRANT, este análisis examina desde la perspectiva jurídica y ciudadana por qué su trayectoria de 21 años salvando vidas, su formación en Derecho y su probada integridad constituyen las credenciales necesarias para imponer orden en el caótico tránsito dominicano.
En el año 2018, mientras investigaba y redactaba mi tesis de grado en Derecho titulada “La Estructura de las Sanciones contenidas en la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana”, pude constatar una verdad irrefutable: nuestro país no adolece de marcos jurídicos ni de diagnósticos técnicos sobre el transporte. Lo que ha faltado históricamente es voluntad institucional, régimen de consecuencias y la autoridad moral necesaria para hacer cumplir la ley sin favoritismos ni dobleces.
Por esa razón, resulta desconcertante observar el debate mezquino y los cuestionamientos que han surgido en ciertos círculos tras la decisión del presidente Luis Abinader de designar, mediante el Decreto 551-26, al mayor general retirado y doctor en Derecho Juan Manuel Méndez García como nuevo director ejecutivo del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT).

Quienes hoy esgrimen el artículo 13 de la Ley 63-17 para argumentar una supuesta «falta de perfil técnico», parecen olvidar convenientemente la realidad cruda de las calles dominicanas. El tránsito en nuestra media isla dejó de ser un simple problema de movilidad urbana para convertirse en una epidemia de salud pública y una crisis de seguridad ciudadana que cobra miles de vidas al año. Y ante una emergencia de esa magnitud, el perfil idóneo no es el de un burócrata de oficina ni el de un cómplice de los intereses gremiales, sino el de un gestor de crisis probado, con mando y credibilidad pública.
Un jurista con disciplina de Estado
Para desmontar la narrativa de quienes pretenden descalificarlo, basta con repasar los hechos y la hoja de vida de Méndez García. Nacido en Pontón, La Vega, en 1966, su trayectoria combina la formación jurídica de alto nivel con la disciplina castrense. Es doctor en Derecho graduado por la Universidad Dominicana O&M, con estudios de posgrado en Derecho Civil en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Durante su carrera en el Ejército de República Dominicana —iniciada en 1986 y culminada con su honroso retiro en 2020— ejerció como Juez Presidente del Consejo de Guerra de Primera Instancia y Consultor Jurídico institucional.
No estamos ante un improvisado del derecho; estamos frente a un abogado que conoce a profundidad la estructura punitiva, el debido proceso y la aplicación de las leyes en el Estado dominicano.
21 años coordinando respuestas en el terreno
Si hay un funcionario en la historia contemporánea de la República Dominicana que ha demostrado capacidad de articulación operativa, es Juan Manuel Méndez. Durante 21 años al frente del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) (2005-2026), fue ratificado por administraciones de distintos colores partidarios por una razón incuestionable: su eficiencia y su entrega absoluta al servicio público.
Coordinó la respuesta nacional ante las tormentas Noel y Olga (2007), lideró el auxilio humanitario tras el devastador terremoto de Haití (2010), articuló la logística durante la pandemia del COVID-19 y dirigió la Dirección de Servicios de Atención a Emergencias Extrahospitalarias (DAEH). Además, durante dos décadas, cada operativo de Semana Santa, Navidad y Año Nuevo —donde la seguridad vial, el control de carreteras y la reducción de siniestros de tránsito son el núcleo del trabajo— estuvo bajo su liderazgo directo.
La verdadera «calificación» que incomoda
Si en algo Juan Manuel Méndez no tiene «calificaciones», es en las malas mañas de la política tradicional:
- No es político: No responde a componendas partidarias ni a clientelismos.
- No es tránsfuga: Su lealtad ha sido invariable hacia el Estado y la protección ciudadana.
- No transige con la seguridad: Jamás ha vendido su criterio al mejor postor ni ha condicionado la ley por color, raza, credo o poder económico.
El INTRANT necesita con urgencia una figura que no le tiemble el pulso frente a los sindicatos del transporte, frente a los infractores consuetudinarios ni frente al desorden que reina en las vías públicas. Al asumir su cargo, Méndez declaró que su meta innegociable será hacer cumplir la Ley 63-17.
El hombre que durante más de dos décadas se ganó el respeto y el afecto de todo un país protegiendo la vida frente a los embates de la naturaleza, asume ahora el desafío de salvar vidas sobre el asfalto. Lejos de cuestionarlo, la sociedad dominicana sensata debe respaldar a un servidor público intachable en una misión que nos concierne a todos: devolverle el orden, la ley y la dignidad a nuestras calles.

