Santo Domingo Este.– Entre calles anegadas, viviendas improvisadas y miradas cargadas de resignación, decenas de familias del ensanche Isabelita, en el sector conocido como El Hoyo, sobreviven en condiciones que duelen. Allí, donde cada lluvia se convierte en amenaza y cada día es una lucha por la dignidad, la presidenta de la Fundación Luz de la Esperanza (Fundeluz), la pastora Karmelyn Polanco, levantó su voz con firmeza: el abandono no puede seguir siendo la norma.
Al encabezar un operativo comunitario, Polanco no solo llevó ayuda, llevó presencia. En medio de la vulnerabilidad, entregó ropa, alimentos, medicamentos y mochilas para los niños, acompañada de un equipo comprometido con aliviar, aunque sea por un momento, la carga de quienes viven al límite.
Sin embargo, el gesto solidario también dejó al descubierto una realidad que exige respuestas estructurales, no solo paliativos. “Este lugar se inunda, estas familias están en riesgo constante. Aquí tiene que venir el Estado”, expresó con claridad, al hacer un llamado directo al Gabinete Social del Gobierno y al Ministerio de la Vivienda para intervenir de manera urgente.

La líder cristiana insistió en que estas familias necesitan ser reubicadas en espacios dignos o, en su defecto, recibir mejoras inmediatas que les permitan vivir con seguridad.
Durante la jornada, médicos voluntarios ofrecieron consultas gratuitas, entregando los medicamentos necesarios a cada paciente. La actividad también contó con el respaldo de la organización Militares Trabajando para Cristo, quienes contribuyeron a mantener el orden y garantizar la seguridad de los presentes.
Más allá de la asistencia puntual, el mensaje fue claro: no se trata solo de ayudar, sino de transformar. Polanco apeló a la conciencia colectiva, recordando que una sociedad se mide por la forma en que responde a sus comunidades más vulnerables.
Sobre Fundeluz
Desde 1991, la Fundación Luz de la Esperanza, Inc. (Fundeluz) ha sostenido un compromiso firme con los sectores más necesitados, impactando la vida de niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores. Su labor, basada en el respeto y la dignidad humana, se ha convertido en un puente de esperanza para comunidades golpeadas por la pobreza, crisis sociales y desastres naturales.
Una misión que no se detiene
Fundeluz continúa operando como un canal de ayuda confiable, llevando asistencia integral donde más se necesita. Pero hoy, desde El Hoyo, el llamado trasciende la solidaridad: es una invitación urgente a las autoridades a mirar, escuchar y actuar. Porque hay realidades que no pueden seguir esperando.
