Santo Domingo. — Febrero de 2026. Centroamérica, Panamá y la República Dominicana avanzan de manera fragmentada y limitada en la incorporación de la Inteligencia Artificial Agéntica Avanzada (IAAA), una tecnología clave para la competitividad empresarial global. Así lo establece el Estudio de Transformación Empresarial con Inteligencia Artificial Agéntica Avanzada 2025, elaborado por la firma internacional EY, el cual advierte sobre una brecha estructural que podría comprometer el desarrollo económico y productivo de la región.
El informe revela que el 49 % de las empresas se mantiene en una fase inicial de exploración, el 31 % desarrolla pilotos aislados y ninguna ha logrado integrar esta tecnología en los procesos estratégicos del negocio. Estos datos evidencian que la mayoría de las organizaciones opera la inteligencia artificial desde una perspectiva táctica y experimental, sin convertirla en un eje central de transformación.
Un uso limitado y sin impacto estructural
De acuerdo con el estudio, este es el primer diagnóstico sistemático sobre el nivel de adopción de la IA Agéntica Avanzada en la región, lo que permite dimensionar con mayor precisión el rezago frente a mercados más desarrollados.
Las empresas, señala el documento, utilizan soluciones de inteligencia artificial principalmente para tareas puntuales, sin una arquitectura tecnológica ni una gobernanza que permita su integración transversal en las operaciones.
Roberto Gomes, socio director de Consultoría de EY en Centroamérica, Panamá y República Dominicana, advirtió que el principal obstáculo no es tecnológico, sino organizacional.
“El mayor riesgo que enfrenta la región no es tecnológico, es estratégico y humano. Sin visión ejecutiva, sin gobernanza y sin talento capacitado, las empresas quedan atrapadas en pilotos que no transforman el negocio”, afirmó.
¿Qué es la Inteligencia Artificial Agéntica Avanzada?
El estudio define la Inteligencia Artificial Agéntica Avanzada como una nueva generación de sistemas capaces no solo de analizar información o formular recomendaciones, sino de ejecutar procesos completos de forma autónoma.
Estos sistemas pueden coordinar múltiples modelos de IA, tomar decisiones operativas, interactuar con plataformas corporativas y funcionar bajo esquemas rigurosos de seguridad y control.
En economías avanzadas, este tipo de tecnología ya impulsa mejoras sostenibles en áreas como finanzas, logística, gestión de riesgos, recursos humanos y experiencia del cliente. Sin embargo, en la región su implementación continúa siendo incipiente.
“La diferencia entre experimentar y competir está en integrar la IA al corazón del negocio”, subrayó Gomes.
Beneficios parciales y capacidades limitadas
A pesar del rezago, el informe indica que siete de cada diez empresas ya perciben beneficios concretos mediante el uso de soluciones externas de inteligencia artificial, especialmente en eficiencia operativa y automatización.
No obstante, estos avances permanecen restringidos por la falta de infraestructura propia y de equipos especializados que permitan escalar los proyectos de forma sostenible.
Entre los principales obstáculos identificados se encuentran:
• 68 % de las organizaciones carece de talento especializado.
• 51 % no dispone de una hoja de ruta estratégica.
• 59 % invierte entre 0 % y 2 % de su presupuesto de TI en inteligencia artificial.
Estos niveles de inversión, advierte EY, resultan insuficientes para competir con empresas que ya han integrado la IA en su modelo operativo.
Llamado al liderazgo empresarial
José Sánchez, AI Adoption Strategist de EY, señaló que el desafío central recae en la alta dirección.
“El C-Suite debe dejar atrás la experimentación y asumir decisiones estructurales: invertir, definir gobernanza, fortalecer la arquitectura tecnológica y desarrollar talento”, afirmó.
En la misma línea, Juan Salamanca, socio de Consultoría en Tecnología, sostuvo que la adopción de esta tecnología implica redefinir el modelo de gestión empresarial.
“La Inteligencia Artificial Agéntica Avanzada no es un proyecto tecnológico, es una decisión de modelo de negocio. Quienes no la integren de forma transversal operarán con estructuras obsoletas”, indicó.
Riesgos para la competitividad regional
Especialistas consultados coinciden en que el retraso en la adopción estratégica de tecnologías avanzadas puede profundizar las brechas productivas y limitar la inserción de la región en cadenas de valor globales.
La falta de transformación digital estructural también afecta la atracción de inversiones, la generación de empleo calificado y la innovación empresarial.
En este contexto, el estudio plantea que la región se encuentra en una encrucijada: consolidar un ecosistema de inteligencia artificial o quedar rezagada frente a competidores que ya operan en tiempo real con sistemas automatizados.
Hoja de ruta para cerrar la brecha
El informe de EY propone acelerar la transición desde la experimentación hacia un modelo integrado, basado en cuatro pilares fundamentales:
1. Liderazgo estratégico desde la alta gerencia.
2. Inversión sostenida en infraestructura digital.
3. Desarrollo de talento especializado.
4. Implementación de marcos sólidos de gobernanza y ética.
El objetivo, según la consultora, es construir capacidades propias que permitan a las organizaciones competir en entornos cada vez más digitalizados y automatizados.
Compromiso institucional de EY
EY reafirmó su compromiso con el fortalecimiento del ecosistema empresarial regional mediante servicios de auditoría, consultoría, impuestos, estrategia y transacciones, orientados a impulsar la transformación sostenible.
La firma sostiene que el desarrollo responsable de la inteligencia artificial puede convertirse en un motor clave para el crecimiento inclusivo, siempre que esté respaldado por liderazgo, visión de largo plazo y políticas corporativas coherentes.
Un desafío inaplazable
El estudio concluye que Centroamérica, Panamá y República Dominicana enfrentan un momento decisivo en su proceso de modernización empresarial. La adopción estratégica de la Inteligencia Artificial Agéntica Avanzada no solo representa una oportunidad tecnológica, sino una condición esencial para asegurar competitividad, productividad y resiliencia en la economía del siglo XXI.
