Lo que comenzó como una adaptación local del concepto «G.O.A.T.» se ha transformado en un código de liderazgo que redefine cómo la juventud dominicana mide el éxito y la influencia.
NEW YORK / SANTO DOMINGO. – En la República Dominicana de 2026, el lenguaje ya no se dicta únicamente desde las academias, sino desde las plataformas digitales y las esquinas. El término “La Cabra”, popularizado y encarnado por Santiago Matías (Alofoke), ha dejado de ser un simple alias para convertirse en un sello cultural que describe el poder mediático, la permanencia y la capacidad de alterar la agenda nacional.
Según el análisis del creador de contenido José Zabala, este fenómeno no es producto del azar, sino de la coherencia entre el impacto masivo y la creación de un emporio que democratizó la opinión pública fuera de los canales tradicionales.
El origen: El «G.O.A.T.» dominicanizado
El término tiene su raíz en el acrónimo anglosajón GOAT (Greatest Of All Time), utilizado para designar a figuras imbatibles como Michael Jordan o Messi. Santiago Matías tomó este concepto, lo dominicanizó y lo insertó en el ADN del discurso urbano. Hoy, llamar a alguien “La Cabra” implica reconocer que:
- Ha marcado un antes y un después en su industria.
- Posee un impacto real, superando la fama pasajera de la viralidad.
- Ha cambiado las reglas del juego en la comunicación y la música.
Un nuevo orden en la comunicación
Para los expertos, la vigencia de este apodo reside en que Alofoke no solo comunica, sino que define narrativas. En su ecosistema, el éxito se mide por resultados y consistencia, validando que el peso de lo digital y «la calle» tiene tanta o más relevancia que los medios convencionales.
«En comunicación, los apodos no sobreviven por repetición, sino por coherencia. ‘La Cabra’ es un símbolo: cuando una figura altera el lenguaje popular, el apodo deja de ser exageración y se convierte en descripción», señala el análisis de Zabala.
¿Consenso o controversia?
Aunque el término genera críticas entre quienes lo consideran exagerado o discrepan con su línea editorial, el veredicto de la audiencia parece sólido. El público defiende que el título no fue impuesto por él mismo, sino «coronado» por la gente que consume su contenido diariamente. Para el dominicano de a pie, «La Cabra» no significa perfección, sino influencia comprobada.
En última instancia, el fenómeno de «La Cabra» es el reflejo de una etapa en el entretenimiento dominicano que ha marcado a toda una generación, consolidando a Santiago Matías como el arquitecto de un código propio que hoy es parte del orgullo y la identidad de la diáspora y la isla.
