El vicepresidente de Ventas para Sudamérica de la compañía sostiene que la velocidad con la que la inteligencia artificial descubre y explota vulnerabilidades exige nuevas estrategias de ciberseguridad.
Santo Domingo.– La inteligencia artificial está transformando el panorama de la ciberseguridad al reducir drásticamente el tiempo entre el descubrimiento de una vulnerabilidad y su explotación, una realidad que obliga a las organizaciones a fortalecer sus estrategias de protección digital y a replantear la forma en que gestionan los riesgos tecnológicos.
Así lo plantea Gonzalo García, vicepresidente de Ventas para Sudamérica de Fortinet, en su más reciente análisis titulado «La ola llegó antes de lo previsto (y no la trajo un humano)», donde examina un incidente registrado en julio de 2026 que involucró a plataformas de inteligencia artificial y evidenció los desafíos que enfrenta la industria.
La infraestructura, no la IA, fue el punto vulnerable
Según García, el incidente demostró que el problema no radicó en la inteligencia artificial, sino en debilidades presentes en infraestructuras tradicionales, como componentes de terceros vulnerables, redes con escasa segmentación y sistemas que ejecutaban código externo sin suficientes controles.
El especialista explica que la IA no creó nuevos métodos de ataque, sino que fue capaz de encadenar vulnerabilidades ya conocidas a una velocidad imposible para un atacante humano.
«La pregunta ya no es si nuestro proveedor de IA es confiable, sino si nuestra arquitectura resiste a un adversario que trabaja de forma continua, prueba miles de caminos y no necesita descansar», señala.
La importancia del parcheo y la microsegmentación
El ejecutivo advierte que el llamado parcheo virtual no puede anticipar vulnerabilidades desconocidas, pero sí permite responder rápidamente frente a patrones de ataque conocidos, reduciendo significativamente el riesgo mientras se implementan las correcciones definitivas.
Asimismo, identifica la microsegmentación como uno de los mecanismos más efectivos para limitar el movimiento lateral de un atacante dentro de una red comprometida, evitando que una intrusión inicial se convierta en un incidente de gran escala.
De acuerdo con el análisis, una arquitectura basada en controles integrados —como firewalls internos, protección de aplicaciones, seguridad de endpoints y monitoreo centralizado— permite detectar con mayor rapidez comportamientos anómalos y contener los ataques antes de que comprometan sistemas críticos.
Un nuevo escenario para la ciberseguridad
García también llama la atención sobre un reto adicional para los equipos de respuesta a incidentes: durante el análisis forense de algunos ataques, ciertos modelos comerciales de inteligencia artificial pueden negarse a colaborar debido a sus propios mecanismos de seguridad, lo que obliga a las organizaciones a contar con modelos propios para investigaciones especializadas.
El experto concluye que la velocidad con la que evolucionan las amenazas exige cambiar el enfoque tradicional de la ciberseguridad.
«La conclusión no es que las máquinas nos atacan. Es que la ventana entre el descubrimiento y la explotación de una vulnerabilidad ya no se mide en días. Mitigar en horas y contener por diseño dejó de ser una buena práctica para convertirse en una condición esencial para seguir operando», afirma.

