Hospiten llama a reconocer síntomas menos conocidos y a evaluar factores de riesgo propios de la salud femenina.
Santo Domingo. – Un dolor o presión en el pecho no es la única forma en que puede manifestarse una emergencia cardiovascular. En las mujeres, síntomas como dificultad para respirar, náuseas, mareos, sudoración, cansancio inusual o molestias en la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen también pueden acompañar un infarto y, en ocasiones, confundirse con problemas digestivos, estrés u otras condiciones.
Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se conmemora cada 29 de septiembre, Hospiten Santo Domingo llama la atención sobre la necesidad de reconocer estas manifestaciones y de fortalecer la prevención cardiovascular en las mujeres.
“El corazón de la mujer también habla diferente”, señala Milagros Alcántara, médica internista especializada en Medicina Cardiovascular Avanzada y complicaciones perioperatorias, quien considera fundamental ampliar el conocimiento sobre el riesgo cardiovascular femenino.
Aunque el dolor o malestar en el pecho continúa siendo el síntoma más frecuente del infarto tanto en hombres como en mujeres, la American Heart Association señala que ellas pueden presentar con mayor frecuencia manifestaciones como falta de aire, náuseas, fatiga inusual y molestias en la espalda, los hombros, el cuello o la mandíbula.
Esta variedad de síntomas puede contribuir a que algunas mujeres atribuyan el malestar a causas menos graves y retrasen la búsqueda de atención. “Algunos de estos síntomas pueden confundirse con estrés, agotamiento, problemas digestivos o ansiedad”, explica Alcántara.
La prevención también debe mirar la historia de la mujer
La evaluación del riesgo cardiovascular no se limita a medir colesterol, presión arterial o glucosa. La historia clínica y reproductiva también puede aportar información relevante.
La hipertensión durante el embarazo, la preeclampsia y la diabetes gestacional, entre otras complicaciones del embarazo, se han relacionado con un mayor riesgo cardiovascular posteriormente. Por ello, estos antecedentes pueden ser considerados al evaluar la salud cardiovascular de una mujer a lo largo de su vida.
A esto se suman factores de riesgo conocidos como hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado, tabaquismo, sedentarismo y exceso de peso. La prevención incluye controlar estos factores, mantener actividad física, cuidar la alimentación, evitar el tabaco y realizar las evaluaciones médicas correspondientes al perfil de riesgo individual.
Reconocer las señales puede cambiar la respuesta
Ante presión o dolor en el pecho, dificultad respiratoria, sudoración fría, náuseas, mareos o molestias nuevas en la espalda, mandíbula, cuello, brazos o abdomen, especialmente cuando aparecen de forma repentina o intensa, la recomendación es buscar atención médica de emergencia.
“En una emergencia cardiovascular, esperar puede significar perder tiempo valioso”, advierte Alcántara.
La fecha dedicada a la salud del corazón sirve así como recordatorio de que la prevención cardiovascular femenina requiere conocer los factores de riesgo, reconocer las señales de alarma y actuar con rapidez ante síntomas compatibles con una emergencia.

