Por Esmirna Gómez.-
Santo Domingo Este.-La mañana de este domingo, la Catedral Stella Maris se transformó en un espacio colmado de fervor, cantos y emoción espiritual. Desde tempranas horas, cientos de fieles comenzaron a llegar al templo para participar en la celebración de Pentecostés, una de las festividades más importantes de la tradición católica, en la que se recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.
Al iniciar la celebración Mons. Ruiz hizo la bendición del agua y realizó el rito de la aspersión entre los que allí estaban presentes. Las voces de alabanzas resonaban entre las paredes de la catedral mientras familias completas, jóvenes , adultos levantaban sus manos en señal de oración y entrega. El ambiente estaba impregnado de recogimiento, esperanza, en una jornada marcada por el deseo de renovar la fe y fortalecer el compromiso cristiano.
La solemne Eucaristía fue presidida por monseñor Manuel Antonio Ruiz, acompañado por el vicario general de la diócesis, padre Alejandro Valera, el vicario de Pastoral P. Eduardo Carrión , Padre Domingo Vasquez de Comunicaciones, el P. Elías Nuñez Paulino y el diácono Enmanuel Marte, acompañado de ministros y servidores del altar. Dicha Celebración estuvo preparada por La Renovación Carismática Católica.

Durante la homilía, monseñor Ruiz habló con serenidad, pero también con firmeza, sobre la necesidad de permitir que el Espíritu Santo transforme la vida de cada creyente. Sus palabras encontraron eco entre los asistentes, que escuchaban atentos en medio de un silencio reverente.
“El Espíritu Santo ya no es una luz lejana; ahora cada uno de nosotros está llamado a convertirse en la luz de Cristo”, expresó el prelado, mientras invitaba a los fieles a asumir con valentía su misión evangelizadora en medio de las dificultades del mundo actual.
El obispo explicó que Pentecostés no debe verse únicamente como una celebración litúrgica, sino como una oportunidad para vivir la fe de manera activa, comprometida en la vida cotidiana, tanto en el hogar , el trabajo y la comunidad.
En otro momento de su reflexión, comparó la fe con una llama encendida que debe ser protegida del viento de la indiferencia, el miedo, las preocupaciones diarias. También recordó que cada persona posee talentos y dones otorgados por Dios para servir a los demás, ya sea a través de la palabra, la escucha o las acciones solidarias.
La homilía estuvo marcada además por un llamado a valorar la vida y reconocer la misión que cada ser humano tiene en la tierra, especialmente después de las experiencias dolorosas vividas durante la pandemia del COVID-19.
“Si el Señor nos ha mantenido vivos, es porque todavía tenemos una misión que cumplir: ser luz en medio del mundo”, afirmó monseñor Ruiz, provocando momentos de profunda reflexión entre los presentes.
Al concluir la celebración, la catedral permanecía envuelta en un ambiente de alegría espiritual. Los cantos, las alabanzas y las muestras de fe acompañaron el cierre de la eucaristía, mientras muchos fieles se abrazaban y compartían palabras de esperanza.
La celebración de Pentecostés en la Catedral Stella Maris dejó una imagen de unidad y fervor religioso, reafirmando el papel de la Iglesia como espacio de encuentro, fortaleza espiritual y renovación para la comunidad católica, con esta celebración finaliza el tiempo Pascual dando paso al tiempo Ordinario.

