IA acelera el trabajo, pero empresas ya advierten una nueva amenaza: la “deuda cognitiva”

Estudio de BCG revela que la mitad de 70 líderes empresariales consultados ya observa pérdida de habilidades, mientras más del 60% considera que el fenómeno podría convertirse en una amenaza material en los próximos tres a cinco años.

Santo Domingo, República Dominicana.— La inteligencia artificial está permitiendo a las empresas analizar información, producir contenidos y resolver problemas en menos tiempo. Sin embargo, su uso intensivo también comienza a generar una preocupación menos visible: que las personas deleguen tanto el análisis y la toma de decisiones en estas herramientas que terminen perdiendo capacidades esenciales para pensar por sí mismas.

El fenómeno es definido como “deuda cognitiva” en una investigación de Boston Consulting Group (BCG), que advierte sobre el debilitamiento progresivo de habilidades como el pensamiento crítico, el juicio, la curiosidad, la creatividad y la capacidad para cuestionar resultados generados por inteligencia artificial.

Cuando esta situación se extiende dentro de una organización, deja de ser un problema individual y puede convertirse en un proceso de “desaprendizaje distribuido”, capaz de afectar competencias consideradas fundamentales para el desempeño empresarial.

Una alerta que ya perciben los ejecutivos

El estudio “When Everyone Uses AI, Companies Risk Losing Critical Skills”, realizado a partir de las respuestas de 70 líderes C-suite de distintas partes del mundo, encontró que cerca del 90% identifica como primera señal de alerta la aceptación de resultados generados por IA sin cuestionarlos.

Además, la mitad de los ejecutivos consultados ya observa pérdida de habilidades dentro de sus organizaciones, mientras más del 60% considera que la deuda cognitiva podría convertirse en una amenaza material durante los próximos tres a cinco años.

“Las habilidades que los líderes consideran más críticas para el desempeño de largo plazo, juicio y toma de decisiones, comprensión y definición de problemas, pensamiento creativo, razonamiento causal y generación de soluciones, son, precisamente, las que más riesgo corren de erosionarse por el uso de IA”, señala Gonzalo Montón, partner de BCG.

El verdadero valor sigue estando en definir el problema

La inteligencia artificial puede generar textos, imágenes, códigos y análisis en cuestión de segundos. Pero existe una etapa previa que continúa dependiendo del criterio humano: determinar qué problema debe resolverse, qué preguntas deben formularse, qué riesgos son aceptables y qué resultado realmente tiene sentido para el negocio.

Para BCG, si una organización pierde esa capacidad, obtener análisis más rápidos no necesariamente significa tomar mejores decisiones.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en aprender a utilizar herramientas de IA, sino en conservar la capacidad de interpretar, cuestionar y validar aquello que producen.

La IA cambiará más puestos de los que eliminará

El impacto de la inteligencia artificial también se está reflejando en la estructura de los empleos.

Otro estudio de BCG, “AI Will Reshape More Jobs Than It Replaces”, analizó 1,500 roles que representan aproximadamente 165 millones de empleos en Estados Unidos.

Sus proyecciones indican que entre 50% y 55% de esos puestos serán rediseñados durante los próximos dos o tres años, mientras que entre 10% y 15% podrían desaparecer en un período de cinco años o más.

Esto significa que por cada empleo que enfrenta un riesgo real de eliminación, entre tres y cinco puestos podrían experimentar transformaciones importantes.

Rediseñar un puesto, sin embargo, no equivale necesariamente a automatizarlo por completo.

BCG identifica como “roles divergentes” al 12% de los empleos analizados. En áreas como contabilidad, programación y redacción, por ejemplo, las tareas repetitivas y propias de los niveles iniciales pueden ser automatizadas primero, mientras que las responsabilidades que requieren mayor criterio pueden mantenerse o incluso aumentar.

Los profesionales jóvenes enfrentarán un cambio importante

Esta transformación podría obligar a los profesionales que comienzan sus carreras a asumir antes responsabilidades relacionadas con la supervisión de resultados, gestión de excepciones y toma de decisiones.

La capacidad para trabajar con inteligencia artificial tendrá que combinarse con conocimiento especializado, criterio profesional y capacidad para validar los resultados obtenidos.

“La durabilidad de un rol está ligada al nivel de juicio y credenciales que exige, no a la edad de quien lo ocupa. La carrera profesional tiene que construirse apuntando desde el día uno hacia esos roles de mayor criterio, en vez de apostar todo a tareas repetitivas que después se automatizan”, sostiene Montón.

No todos los empleos enfrentan el mismo riesgo

El análisis de BCG muestra que el impacto de la IA será desigual.

El 43% de los empleos evaluados presenta una “automatización relevante”, lo que significa que más del 40% de sus tareas puede ser automatizado con la tecnología disponible actualmente.

El 57% restante tiene una menor exposición debido a que sus actividades dependen en mayor medida de trabajo físico, interacción humana o decisiones difíciles de estructurar.

Entre los trabajos con mayor resistencia a la automatización aparecen aquellos que se desarrollan en entornos variables, como electricistas, gasfiteros, cirujanos y rescatistas, donde las situaciones imprevistas requieren experiencia y capacidad de respuesta en tiempo real.

También figuran profesiones basadas en relaciones humanas, entre ellas pediatras, terapeutas, docentes, enfermeras y trabajadores sociales, además de posiciones que demandan un alto nivel de juicio, como abogados encargados de definir estrategias, arquitectos de software y líderes empresariales.

La inteligencia artificial no sustituye el criterio

Las profesiones menos expuestas tienen un elemento común: requieren juicio contextual, inteligencia emocional y capacidad para resolver problemas que no siempre cuentan con un procedimiento previamente establecido.

La empatía, la escucha activa y el liderazgo también aparecen entre las habilidades relativamente protegidas. La IA puede convertirse en una herramienta de apoyo, pero no necesariamente sustituye el componente humano que sostiene estas funciones.

Por ello, el desafío para las organizaciones no parece estar en detener la adopción de inteligencia artificial, sino en incorporarla sin sacrificar las capacidades que permiten a las personas tomar decisiones acertadas.

Esto implica formular preguntas antes de solicitar respuestas, contrastar la información obtenida y evitar que el primer resultado generado por una herramienta sea aceptado automáticamente.

Para Montón, el problema no radica exclusivamente en la tecnología, sino en la relación que las personas establecen con ella.

“La habilidad más urgente a desarrollar hoy no es solo aprender a usar IA, es aprender a no delegarle el pensamiento”, concluye el ejecutivo.

La advertencia plantea así una paradoja para las empresas: la inteligencia artificial puede hacer que el trabajo sea más rápido, pero si se utiliza sin criterio podría hacer que las organizaciones piensen menos.