Monseñor Manuel Ruiz llama a la paz y a la unidad durante la celebración de Corpus Christi


Por Esmirna Gómez


Desde tempranas horas de la tarde, cientos de católicos comenzaron a congregarse para participar en la celebración de Corpus Christi convocada por la Diócesis Stella Maris, una jornada de fe que reunió a sacerdotes, religiosos y laicos de las cinco zonas pastorales que conforman esta joven jurisdicción eclesiástica.

La actividad inició a las 3:00 de la tarde con una multitudinaria procesión que partió desde la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, en Prado Oriental. Bajo un intenso sol, pero animados por la fe, los participantes caminaron acompañando al Santísimo Sacramento entre cantos, alabanzas ,oraciones, en una manifestación pública de amor y adoración a Jesucristo presente en la Eucaristía.

A lo largo del recorrido podían observarse familias completas, jóvenes, adultos mayores, movimientos apostólicos, ministros, religiosas y representantes de distintas comunidades parroquiales, todos unidos por un mismo propósito: proclamar que Cristo continúa vivo en medio de su pueblo.

La caminata culminó en el Hipódromo V Centenario, donde hubo un momento de Adoración y un breve concierto a cargo del ministerio San Pablo previo a la Solemne Eucaristía que fue presidida por monseñor Manuel Ruiz, obispo de la Diócesis Stella Maris, acompañado por decenas de sacerdotes provenientes de las distintas zonas pastorales, y con la animación de los cantos del Coro Diocesano.

Al iniciar su homilía Monseñor agradeció la presencia de las autoridades que se encontraban allí presentes. Durante su homilía, el obispo destacó que la solemnidad de Corpus Christi nos recuerda el inmenso amor de Jesucristo por la humanidad, manifestado en su decisión de permanecer vivo y presente en la Eucaristía, acompañando a su pueblo a través de los siglos mediante el Santísimo Sacramento del Altar.

«Hoy es un día grande porque Jesucristo lo ha hecho grande. Él quiso quedarse para siempre con nosotros, lo hizo de una manera única y especial en la Eucaristía», expresó.

Monseñor Ruiz explicó que aunque los ojos humanos continúan viendo pan y vino, la fe permite reconocer la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Recordó que desde los primeros tiempos hubo quienes dudaron de este misterio, tal como ocurrió cuando Jesús anunció que era el Pan Vivo bajado del cielo.

Con ejemplos sencillos de la vida cotidiana, el Obispo invitó a los fieles a confiar en Dios más allá de lo que pueda comprenderse racionalmente. Señaló que muchas veces las personas aceptan y utilizan realidades cuyo funcionamiento desconocen completamente, por lo que también están llamadas a confiar en la palabra de Cristo cuando afirma: «Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre».

El obispo recordó además los numerosos milagros realizados por Jesús durante su vida pública, destacando que quienes fueron testigos de ellos no exigieron explicaciones sobre cómo sucedieron, sino que reconocieron la acción de Dios manifestada a través de los hechos.

Uno de los momentos más emotivos de la homilía llegó cuando monseñor Ruiz dirigió su mensaje hacia la realidad social que vive el territorio de la Diócesis Stella Maris. Con palabras firmes, expresó su preocupación por los niveles de violencia que afectan a numerosas comunidades, llamando a los católicos a convertirse en promotores de paz.

Mencionó situaciones que afectan a las familias y a los barrios, exhortando a los presentes a acudir con mayor frecuencia ante el Santísimo para pedir la transformación de los corazones y la pacificación de los sectores que integran la diócesis.

«Tenemos que pedirle al Señor que su paz llegue a Boca Chica, San Luis, Los Minas, Villa Duarte, Guerra, Valiente, Catanga y cada rincón de nuestra diócesis», manifestó.

Asimismo, recordó que recibir la comunión implica mucho más que participar de un rito religioso. Significa asumir el estilo de vida de Jesús, practicar sus enseñanzas, convertirse en instrumentos de reconciliación, solidaridad y amor en medio de la sociedad.

La celebración concluyó en un ambiente de profunda espiritualidad, mientras los fieles renovaban su compromiso de vivir la fe con autenticidad , de llevar el mensaje de Cristo a sus hogares, comunidades y lugares de trabajo.

Corpus Christi volvió a reunir a miles de creyentes en una jornada que transformó las calles y el Hipódromo V Centenario en un gran espacio de oración, adoración y esperanza, donde la Iglesia reafirmó su convicción de que Cristo continúa caminando junto a su pueblo.