La fundadora de DEINSA ha construido una trayectoria marcada por la perseverancia, la innovación y la promoción de una cultura de prevención de riesgos laborales en República Dominicana.
Santo Domingo, RD.– Lo que comenzó en 1996 como un emprendimiento en la casa de su madre se ha convertido, tres décadas después, en una empresa con aproximadamente 60 colaboradores y presencia en Santiago. Esa es parte de la trayectoria de Wanda Almánzar, fundadora de DEINSA, SRL, quien ha dedicado su carrera a promover la seguridad industrial y la protección de los trabajadores dominicanos.
La iniciativa surgió mientras Almánzar trabajaba en una empresa dedicada a la comercialización de compresores de aire. Allí identificó oportunidades en el mercado de equipos de protección y decidió emprender, pese a las dudas que su decisión generó entre personas cercanas.
Durante los primeros tres años, la vivienda familiar funcionó como oficina y almacén. Desde allí gestionaba pedidos, preparaba facturas y visitaba clientes, con el respaldo de su madre, María Dolores Sepúlveda. Con el crecimiento del negocio, amplió el inventario, incorporó personal y estableció instalaciones propias en Los Prados.

Su desarrollo profesional también estuvo marcado por los desafíos de abrirse camino en una industria tradicionalmente dominada por hombres. Frente a los prejuicios sobre su capacidad para dirigir una empresa vinculada a procesos técnicos y maquinaria, Almánzar apostó por la preparación, la perseverancia y la confianza en su visión empresarial.
Para la fundadora de DEINSA, la seguridad industrial trasciende la comercialización de equipos y tiene como objetivo principal preservar vidas. “Ese trabajador es hijo de alguien, hermano de alguien, esposo de alguien y padre de alguien. Eso es lo que tenemos que procurar”, expresa al explicar la filosofía que ha guiado su trabajo.
Esta convicción se refleja en la promoción del uso adecuado de cascos, guantes, lentes, respiradores y sistemas de protección contra caídas, entre otros dispositivos. Su enfoque también destaca la importancia de capacitar al personal, identificar los riesgos de cada actividad y garantizar la selección, el mantenimiento y la utilización correcta de los equipos.

Formación técnica y expansión
DEINSA ha ampliado su oferta hacia soluciones especializadas para trabajos en altura, medición de gases y equipos de respiración autónoma. La actualización técnica de sus colaboradores y la orientación a los clientes forman parte de una estrategia enfocada en responder a las necesidades de diferentes operaciones industriales.
Almánzar considera que disponer de equipos de protección no garantiza por sí solo la seguridad laboral. La prevención requiere identificar los peligros, elegir las soluciones apropiadas y asegurar que los trabajadores sepan utilizarlas. Desde esa perspectiva, entiende que reducir los accidentes también contribuye al bienestar de las familias, la productividad y la sostenibilidad de las empresas.

El camino empresarial no ha estado exento de dificultades. En 2013, un hundimiento del terreno en el entorno de las instalaciones de Los Prados provocó trastornos operativos, gastos extraordinarios y pérdida de clientes, situación que obligó a reorganizar las operaciones.
La empresa continuó su expansión y el 7 de enero de 2026 abrió una sucursal en Santiago, después de más de 15 años atendiendo a clientes de la región Norte mediante representantes comerciales. También cuenta con un punto de almacenamiento en Haina para facilitar el suministro a empresas y proyectos industriales.
En el ámbito personal, Almánzar reconoce la influencia de su madre en los primeros años del negocio. Su fallecimiento en 2012 marcó una etapa significativa de su vida, mientras que dirigir una empresa en crecimiento y criar a sus dos hijos le exigió equilibrar las responsabilidades familiares y profesionales.

Al conmemorar los 30 años de DEINSA, la empresaria destaca la integridad, la responsabilidad y el esfuerzo colectivo como pilares para sostener una organización a largo plazo. Su experiencia también representa, según afirma, una invitación a las nuevas generaciones, especialmente a las mujeres emprendedoras, a prepararse, confiar en sus capacidades y perseverar ante las dificultades.
Tres décadas después de aquel comienzo en el hogar familiar, Almánzar mantiene el propósito de contribuir a que la seguridad industrial sea asumida no solo como una exigencia operativa, sino como una responsabilidad humana centrada en la protección de la vida.

